La semana pasada, mientras mi socia, cuyo nombre no voy a volver a teclear, ni siquiera el ficticio, se fue a Londres a ver tocar a los innombrables, yo me quedé en Brighton viendo a los Black Hats. En realidad me pasé por el concierto porque me sentía especialmente looser quedándome un sábado por la noche en casa, me moría por tomar una cerveza y me estaba empezando a corroer la envidia por eso de que la socia estuviese viendo a la banda del cantante ese cuyo nombre Dios me libre de mentar. Y peor aún, a otra banda que tocaba con ellos y que me gusta un montón, Gabriel and the noséqués. Rock con chelos y jembés, una cosa intensa con mezcla del Este de Europa. Buenísimos. Y encantadores. (Desde luego, si me tuviera que ganar la vida escribiendo para la Rolling Stone, apañada iba.)
Total, que me fui a ver a los Black Hats estos y me alegré de comprobar que el cantante y yo ya nos hablamos otra vez, es más, después de esa noche nos hicimos amigos en Facebook, prueba inequívoca de que es una amistad honesta y verdadera, ¿no? Las vueltas que da la vida… sobre sí misma, por lo visto.
Me dio por pensar… parece que los cantantes siempre me han producido cierto rechazo, ¿será porque reclaman demasiada atención? ¿O es que simplemente la tienen porque son cantantes? ¿O son cantantes para obtenerla? ¿Nacieron así y por eso no les quedó otro remedio que dedicarse a eso?
Antes de que Elvis y Chuck vinieran con este invento del rock´n roll ¿a qué se dedicaba este tipo de personajes tan necesitados de atención a la par que sobrados de creatividad y ego? (A los que no nos visitan las musas tendemos a confundir creatividad con arrogancia, dicen algunos) ¿Serían trovadores en el medievo? ¿Románticos suicidas? ¿Poetastros desaliñados consumidores de opio y ajenjo? ¿Y en el siglo veinte? Mi socia piensa que se dedicarían a los ismos y a las tertulias y me parece que lleva bastante razón.
Si esto es así, no me parece que salgamos perdiendo porque prefiero que me martiricen con malas canciones que con malos poemas. Además, me es más fácil hacerme hueco para echar una birra en el sillón del rock que en el Parnaso literario.
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