
Odio el facebook.
Pero estoy enganchada. Ya sabía yo cuando lo abrí, que si no lo había abierto antes y la gente me insistía tanto, tenía que ser necesariamente una imbecilidad adictiva. Y que si era adictiva yo me tenía que mantener lejos, puesto que soy la persona más debilucha frente a las adicciones que he visto en mi vida. Pero me dejé llevar y caí. Empecé a cotillear la vida de la gente, a dejar que la gente cotillease la mía, a actualizar constantemente mi estado, como si a nadie le importase una mierda lo que estoy haciendo a cada momento, a mirar el muro, los mensajes y los comentarios obsesivamente. Dejé, igual que los demás, de usar mis cuentas de correo como tales y solo las uso para leer los mensajes de facebook.
Un buen día empezaron a llegar solicitudes de amigos de gente que dejé de ver hace tres años, cinco, siete, quince!!! Ahí ya me preocupé. Si nos dejamos de ver será por algo, digo yo.
Luego alguien colgó las fotos de la comunión (veinte años de fervor ateo y el gracioso de turno cuelga las fotos y ME ETIQUETA). Y las de quinto, sexto de EGB.
Tras ese momento llegó lo que hasta la fecha había conseguido evitar: a ver si quedamos todos y nos cuentas qué ha sido de tu vida. Empecé a imaginar, después de haber visto las fotos recientes de estos personajes era fácil, un mundo de treintañeros barrigudos y calvorotas, cargados de hijos, preocupaciones e hipotecas, y a otro montón de mamás con mechas y vestidas como sus madres, cansadas y aburridas pero orgullosas de sus vidas por haber conseguido el sueño de cualquiera: casarse y tener hijos. Sobre todo casarse. Incluso podía oír LA FRASE: pues tú estás igual que siempre, no has cambiado nada.
Igual de boba, de soltera, de perdida, de juerguista, de trasnochadora, de irresponsable... Pues sí, qué pasa... os jodéis, que yo esta noche me voy de birras y vosotros, como no tenéis con quién dejar a los niños, os tenéis que quedar en casa.
Lo malo es cuando en una de estas, contactas con alguien que no tiene hijos, ni preocupaciones, lo que tiene es éxito, talento e inteligencia, la vida le pone una alfombra a los pies a cada paso, y encima, ni se lo toma en serio. ¿Qué haces entonces? Si has sido tú la imbécil que le ha contactado, sin saber muy bien porqué (mentira podrida, que sí lo sé). Hice lo más razonable que podía hacer: dejarle hablar e intentar contar lo menos posible de mí misma. Es más, intentar ser lo menos
yomisma que pudiera sin llegar a mentir. Porque dejad que os diga que eso de
I like you just as you are no se lo creyó ni Bridget cuando se lo dijo Mark D´arcy. Me pasé más tiempo censurándome a mí misma que hablando: No te pases de lista, que para listo este, no aburras con historias de Brighton, Lafugi y rock&roll, no le espantes con Brighton, Lafugi y el rock&roll, no agobies con la poesía de la experiencia ni con la familia Panero, ni sexo ni política ni religión, no te refieras a España como el infame terruño subpirenáico ni a Madrid como agujero infecto, no insultes a los madrileños ni a los hombre en general y mucho menos digas que editar literatura no merece la pena porque no se hace nada más que mierda. Eso lo último!!!
Difícil, ¿eh? Pues aguanté el tirón y me lo pasé estupendamente.
Lo que sí ya me pareció el colmo, fue subir al taxi a las cuatro de la mañana y que estuviese sonando en la radio el dichoso grupito famoso del barrio. Ya está bien, ¿no?, le dije al taxista, que no entendió nada, mientras mi amigo del cole me sonreía desde la acera con una expresión ambigua que podía leerse como qué tía más maja hasta vaya petarda más tonta.
Las pocas horas que dormí soñé que mi novio era Aureliano Buendía y habíamos dejado Macondo. ¿Alguna interpretación?
Las generaciones condenadas a cien años de soledad no tendrán otra oportunidad sobre la tierra.
(Para que Joseba no se me queje).