Living in Brighton

Brighton es una ciudad costera al sur de Inglaterra a orillas de un mar de dudas, donde nadie sabe para qué o por qué está aquí. Life is what happens when you are busy making other plans...

15 julio, 2009

Buenos tiempos para la lírica.

Bueno, vaaaaaaaaaaale, lo prometido es deuda. Pero de momento, uno rapidito... para ir recobrando forma. Y porque llego tarde a currar.
Estoy aquí, he vuelto, ya he dejado de ser la sufridora en casa, and it´s all happening, que diría uno de mis personajes peliculeros favoritos (nada más y nada menos que Penny Lane, de Almost Famous).
Todo va encajando poco a poco, menos yo, que estoy desencajada. La verdad no ha cambiado nada, pero nada sigue igual, dice una canción de un grupo de Allí, del planeta ese oscuro en el que viví, todavía no sé si repatriada o expatriada. Tengo la impresión de que no me fui nunca, así que el primer día fue como todos. Pero todo es distinto.
Lo mejor y lo peor que te puede pasar cuando vuelves, retomas tu antiguo trabajo, te pasas al turno de noche para acabar de volverte loca (de 10 pm a 7 am), vives okupando la casa y la vida de tus amigos porque no tienes donde caerte muerta y tienes una deuda con el banco que no sabes ni por donde cogerla, es que aperezca un juglar recitando versos. Los tuyos, los suyos y los de los demás.
Luego también están los baños a la luz de la luna, las canciones de los niños incluida Marianne, pintas en el pub de Gema, los Chachos y yo borrachos (je, si hasta rima), y la pérdida de la noción espacio-tiempo.
Estos son, en definitiva, buenos tiempos para la lírica.

12 marzo, 2009

... but you can´t hide


You can run but you can´t hide.
Sí, esta vez no puedo ni echarle la culpa a los demonios del facebook ni a mi inconsciencia. Si no voy yo a ellos, ellos vienen a mí. Ellos, ellos... Son como una especie de fantasmas del pasado que vienen a pedirme cuentas, a reírse de mí, o a… tocar los huevos, simple y llanamente. Veréis:
Como ya había tenido bastante con los éxitos vitales y literarios de las semanas anteriores, el viernes pasado decidí ir sobre seguro y fui a un concierto de un grupo del barrio de los que no me da vergüenza, más bien todo lo contrario, porque me gusta mucho y los componentes no son eternas promesas frustradas del rock. De repente, al final de la actuación, veo a un tipo saludándome desde el otro lado de la sala. Me pareció raro y dudé de que fuese a mí a quién saludaba tan efusivamente porque la última vez que le vi se hizo el sueco tanto que yo pensé que no se acordaba de mí (hasta le pregunté y me cercioré de que no me saludaba porque no le daba la gana).
Mira, otro listo al que la vida le sonríe, pensé, voy a acercarme a ver qué se cuenta el pringao de la clase de sexto de EGB. Maldita la hora.
Tras el qué tal cuánto tiempo, bien y tú, bien, ejem… y ahora qué digo, alguien va a tener que decir algo… empezó él. Por supuesto no se perdía ni un concierto porque el tercer disco del grupo lo había grabado él cuando volvió de no sé qué exótico y paupérrimo de país de centroamérica, donde fue a grabar un programa de tv sobre mamarrachos famosos que nadie sabe a qué se dedican, para paralíticos intelectuales españoles. Ahora seguía contribuyendo a la ignorancia popular trabajando para esa misma cadena 12 horas a la semana y cobrando como un ministro. Ya ves, triunfando, me dijo el pobre imbécil, y tú, perdida, ¿no? Claro, es que en Brighton, con la gente del barrio, uffff.
Pero vamos a ver, ¿qué es para este hombre triunfar? ¿Hacer un programa sobre y para subnormales? ¿Vivir sin dar ni chapa? Vale, esto último no está mal. Pero, niño pijo de los cojones, si tu papi no te hubiese pagado todo lo que te ha pagado y no tuviera los contactos que tiene… ¿te has preguntado qué estarías haciendo ahora? Seguramente estarías peor que yo, que nunca me dio por querer dedicárme a las lámparas para no tener que estudiar. Yo solo estoy perdida en el mundo y a punto de volver a echar mi vida por la borda DE NUEVO, nada más. Tampoco es tan raro. A otros les dio por las drogas, o por el teatro, mira tú.
No le hice estas preguntas pero le hice una sugerencia: que se quitara de mi vista y dejara de amargarme la noche. Se retiró con bastante docilidad, eso sí... incluso con un poco de miedo.

Gracias él ya tengo una cosa más en la lista de pros y contras de volver a Brighton.
Es un buen lugar para esconderse de muchas cosas, de los demás e incluso de uno mismo; de lo que era, de lo que soy y, sobre todo de lo que podría ser y no soy.
Qué bonito es reencontrarse con los recuerdos y los imbéciles que los habitan.
En fin, otro candidato para el próximo anuncio de Coca-cola: porque estamos aquí para ser felices...

19 febrero, 2009

Facebooking


Odio el facebook.
Pero estoy enganchada. Ya sabía yo cuando lo abrí, que si no lo había abierto antes y la gente me insistía tanto, tenía que ser necesariamente una imbecilidad adictiva. Y que si era adictiva yo me tenía que mantener lejos, puesto que soy la persona más debilucha frente a las adicciones que he visto en mi vida. Pero me dejé llevar y caí. Empecé a cotillear la vida de la gente, a dejar que la gente cotillease la mía, a actualizar constantemente mi estado, como si a nadie le importase una mierda lo que estoy haciendo a cada momento, a mirar el muro, los mensajes y los comentarios obsesivamente. Dejé, igual que los demás, de usar mis cuentas de correo como tales y solo las uso para leer los mensajes de facebook.
Un buen día empezaron a llegar solicitudes de amigos de gente que dejé de ver hace tres años, cinco, siete, quince!!! Ahí ya me preocupé. Si nos dejamos de ver será por algo, digo yo.
Luego alguien colgó las fotos de la comunión (veinte años de fervor ateo y el gracioso de turno cuelga las fotos y ME ETIQUETA). Y las de quinto, sexto de EGB.
Tras ese momento llegó lo que hasta la fecha había conseguido evitar: a ver si quedamos todos y nos cuentas qué ha sido de tu vida. Empecé a imaginar, después de haber visto las fotos recientes de estos personajes era fácil, un mundo de treintañeros barrigudos y calvorotas, cargados de hijos, preocupaciones e hipotecas, y a otro montón de mamás con mechas y vestidas como sus madres, cansadas y aburridas pero orgullosas de sus vidas por haber conseguido el sueño de cualquiera: casarse y tener hijos. Sobre todo casarse. Incluso podía oír LA FRASE: pues tú estás igual que siempre, no has cambiado nada.
Igual de boba, de soltera, de perdida, de juerguista, de trasnochadora, de irresponsable... Pues sí, qué pasa... os jodéis, que yo esta noche me voy de birras y vosotros, como no tenéis con quién dejar a los niños, os tenéis que quedar en casa.
Lo malo es cuando en una de estas, contactas con alguien que no tiene hijos, ni preocupaciones, lo que tiene es éxito, talento e inteligencia, la vida le pone una alfombra a los pies a cada paso, y encima, ni se lo toma en serio. ¿Qué haces entonces? Si has sido tú la imbécil que le ha contactado, sin saber muy bien porqué (mentira podrida, que sí lo sé). Hice lo más razonable que podía hacer: dejarle hablar e intentar contar lo menos posible de mí misma. Es más, intentar ser lo menos yomisma que pudiera sin llegar a mentir. Porque dejad que os diga que eso de I like you just as you are no se lo creyó ni Bridget cuando se lo dijo Mark D´arcy. Me pasé más tiempo censurándome a mí misma que hablando: No te pases de lista, que para listo este, no aburras con historias de Brighton, Lafugi y rock&roll, no le espantes con Brighton, Lafugi y el rock&roll, no agobies con la poesía de la experiencia ni con la familia Panero, ni sexo ni política ni religión, no te refieras a España como el infame terruño subpirenáico ni a Madrid como agujero infecto, no insultes a los madrileños ni a los hombre en general y mucho menos digas que editar literatura no merece la pena porque no se hace nada más que mierda. Eso lo último!!!
Difícil, ¿eh? Pues aguanté el tirón y me lo pasé estupendamente.
Lo que sí ya me pareció el colmo, fue subir al taxi a las cuatro de la mañana y que estuviese sonando en la radio el dichoso grupito famoso del barrio. Ya está bien, ¿no?, le dije al taxista, que no entendió nada, mientras mi amigo del cole me sonreía desde la acera con una expresión ambigua que podía leerse como qué tía más maja hasta vaya petarda más tonta.
Las pocas horas que dormí soñé que mi novio era Aureliano Buendía y habíamos dejado Macondo. ¿Alguna interpretación? Las generaciones condenadas a cien años de soledad no tendrán otra oportunidad sobre la tierra.
(Para que Joseba no se me queje).

19 enero, 2009

Cosas de famila

Aquel sábado por la noche llegué a casa, a esa casa en la que vivo oficialmente pero en la que solo estoy a veces, y puse la tele para que mi cabeza dejase de funcionar, como dicen que la televisión relaja la actividad cerebral...
Había estado con Tattva Hoops y sus peluqueros majísimos en el bar de una amiga suya donde nos habíamos inflado a cervezas; no tenían pintas de Harveys pero tenían dobles de Mahou, que aunque no es lo mismo, quitan la sed con dignidad. No sé muy bien qué estabámos haciendo allí si el plan era ir a barrio pero... el caso es que allí estábamos. Allí estábamos mientras yo esperaba con impaciencia y cierto recelo a ese chico tan majo, tan educado, que siempre ha sabido mantenerse en su sitio, con esa flema británica que le caracteriza. El mismo que en los tiempos de las comidas familiares de los domingos venía siempre con su madre y traía una tarta de Embassy que volvía loca a la pija de mi hermana. Toda la familia se deshacía en atenciones con ellos, supongo que por aquello de la familia recuperada o algo así, y yo solo recuerdo las resacas con las que me enfrentaba a esa parafernalia dominguera. Resaca cuando había suerte porque otras veces recuerdo haber estado sentada en la mesa still a bit high y dicendo bobadas que solo me hacían gracia a mí.
He aquí el novio perfecto, pensé como he pensado siempre, el yerno que toda madre quiere para su hija, Mr. Right, el Mark D´arcy de cualquier Bridget Jones: inteligente, con buena planta, educadísimo, galante, interesante, sensato, hombre de mundo, cosmopolita, emprendedor, culto, leído y viajado... Pero este chico de flema británica que nunca pierde la compostura estaba a punto de perderla entre cervezas, amigos locazas, Depredadoras Sin Fronteras (Tattva Hoops y servidora), historias de Brighton y rocknroll, el encaje de la boda rockera, que no sé como apareció allí, los pezones perforados de Hoops...
Pero no llegó a perderla del todo, lo dejó para otro día, y Tattva Hoops y yo volvimos a casa, ella con un chichón en la cabeza y yo pensando que por mucho que mi primo parezca Mr. Right, a mí no me conviene nada de nada. Cuando puse la tele para pensar en otra cosa acababa de comenzar el asedio a Gaza. Y han sido más de mil doscientos palestinos muertos.

10 enero, 2009

Lo peor del invierno


Lo peor del invierno es llevar tantos inviernos seguidos, sin tregua. Los sabañones, los pies fríos, las noches de helada, el sol de enero, que no calienta nada...
Lo peor de este invierno es estar sentada frente al ordenador, facebook y msn permanentemente abiertos, esperando que pase. Que pase el invierno, que pase el tiempo, que acabe esta vida en stand by que no es ni vida ni nada, que PASE ALGO.

Lo peor de este invierno es que no hay tazas de té ni olas ni maletas.

Lo peor de este invierno es que alguien te diga al otro lado del teléfono que en Los Ángeles están a veinte grados mientras aquí está a punto de caer la nevada del siglo. No poder ni siquiera concebir las mangas de camisa y las palmeras. Y no querer ni imaginarlo.
No tener ningún acogedor y cálido pub de madera donde refugiarse de tanta nieve y tanto aburrimiento, para beber Harveys e imaginar qué les estará pasando a esas mangas de camisa junto a las palmeras.
Saber que quedan muchas nevadas y noches que no son azules sino negras, en bares que no son de madera y donde no suena Jeff Buckley.
Intentar no perder la calma cada día...
Lo peor de este invierno es no saber cuando se va a terminar.

27 diciembre, 2008

Navidad en Comala




Vale, venga, crónica navideña... como es tan exciting la vida aquí en el patio de la prisión. Lo llamo así porque se intuye que hay vida detrás de los muros pero desde aquí solo se ve eso: muros.


La cosa empezó con las visitas de lo que para mí son expresidiarios, que de vez en cuando, en fechas señaladas, vuelven y hacen la visita de rigor, así que yo encantada de vivir por unos días y de que me saquen de paseo, aunque sea por dentro de los muros. Ellos, en este caso ellas, me cuentan cosas del exterior y hago planes para cuando me saquen. Además, tengo vacaciones en el timomáster y en las imprácticas de por lo menos tres semanas. Sí, sí, en el máster del 18 de diciembre al 10 o 12 de enero... bueno, que si te las tomas hasta junio tampoco te pierdes nada. Y lo de las prácticas, otra cosa que no tiene calificativo. La primera semana me la pasé mirando por la ventana, un día hasta me quedé dormida de la resaca que llevaba. Menos mal que alguien me despertó para ofercerme un bombón, que si no todavía estoy ahí. Por qué será que en este país todo me resulta decepcionante, nada es lo que parece (en el mal sentido) y todo es mentira.


Bueno, eso, visitas, bares y algún retornado feliz. Sí, no todo el mundo es un apátrida transterrado como yo.


La nochebuena la pasé con mi propia familia Alcántara: la abuela chacha que se ocupa de la casa (de su hija), del marido (de su hija), de la niña (de su hija), hace la cena y la comida (para la familia de su hija)... una especie de Herminia a la que le dio por decir que estas navidades iban a ser las últimas porque se iba a morir pero yo creo que cambió de opinión cuando le dije que las próximas cenaríamos las dos en el China China, igual que las anteriores, o sea en Brighton, y pasearíamos por la playa el 25; la susodicha hija, o sea, mi hermana; el marido y laCris, que apendió a pelar langostinos y hubo que quitárselos para que no le diera un cólico como le pasó a su tía de pequeña cuando aprendió a pelar pecebes. Me llamaron ordinaria por reivindicar las roast potatos en el asado de pularda y me regalaron un móvil... otro, a ver lo que te dura, que siempre los rompes. La verdad es que yo hubiese prescindido de móvil, gulas, pularda a la nosequé, langostinos y demás por cenar espaguetis con Lafugi pero creo que esto es parte de la condena.

Después quise bajar al barrio del rocknroll a escuchar tonterías y a decirlas yo también, pero no me animé... Total, aquí todas las noches son iguales, y todos los días, y todas las tardes y todas las personas y todo de todo.

Y las fotos... esto es Comala, estamos todos muertos, muertos de asco.


07 diciembre, 2008

El permiso penitenciario


Fui a Brighton y volví.
Claro que quería quedarme.
Y ojalá no hubiese vuelto.


Llegué un miércoles por la noche y en lugar de esperar a T. Hoops en la estación, salí corriendo a la calle para respirar la humedad, sentir ese calabobos que me encrespa el pelo, comprobar que el Grand Central seguía allí y sobre todo, para mirar el reloj de la estación, que por un momento creí producto de mi imaginación. Pero no, allí estaba, negro y sonriente, nada que ver con la imagen lúgubre que me devolvió al mirarlo Aquella Noche Terrible.
Entonces seguí bajando la calle, encontré a T. Hoops y me metió en el Fontain Head, solo nos da tiempo a una así que... nos dio tiempo a un millón, porque salimos como a las cuatro de la mañana: a mí me entraba la Harveys como agua y su jefe, el militar poeta, nos rellenaba los vasos con un placer completamente imposible de encontrar fuera de ese país. El olor a madera húmeda y cerveza me devolvió a casa.
El siguiente día fue el de la resaca y los encuentros: LaFugi, Mi amigo el iluminado de los cafés peligrosos, las calles, los sonidos... y de lo de después no tengo sino recuerdos emocinantes que se confunden con las antiguas rutinas.
El café del viernes desembocó en un sábado por la tarde, todo envuelto en palabras, conversaciones, teorías, encuentros y desencuentros: la vida misma, la vida de verdad, cuando cada palabra se lleva dentro el corazón.
(Ya estoy haciendo lo que no quería... hablar en este tono.)
Lo que empezó con el café de rigor con mi amigo el Iluminado (es que es muy listo, de verdad, y transmite mucha luz... 140 watios), siguió con Los Chachos y mi Harveys en el Fitzherbert, uno de mis primeros pub en Brighton y el último en el que estuve Aquella Noche; después nos fuimos al Prince Albert, el que fue de verdad el primer pub que pisamos al llegar hace cuatro años, siguiendo al Indeseable, más indeseable que nunca, mientras dábamos vueltas a otra teoría lingüística. Ya debía andar algo confusa cuando le supliqué al Iluminado que me diese un voto de confianza porfiiii, que de verdad que no quiero nada con el Indesable. Si con ese lío de sufijo y prefijo no hay quien le entienda.
No sé si me creyó, más bien no,`pero a casa del Indeseable que nos fuimos para seguir el rollo de siempre, youtube, guitarras, cervezas, cositas que alegran, el Iluminado y el Indeseable discutiendo como si estuvieran en el jardín de infancia, el Chacho rompiendo las cuerdas de la guitarra, LaFugi y yo poniendo a los Niños y a nuestra bola... y así pasaron las horas, la gente se fue y yo me quedé para descubrir que el Indeseable es un tío listo al que bien podría redimir de ese apelativo. Por ser noventayochista, tan de Unamuno, por ese me duele España, por Sthendal, por las historias tan bonitas que me contó, por Salinas, por San Juan... por las Misiones Pedagógicas ¡y por Anguita! Al final demostró que es mucho menos pedante de lo que se propone ser, así que queda redimido. Brighton entero queda redimido del desencanto, del mal tiempo y de todas las veces que le culpé de quererme ir. Una embriguez catárquica la de ese día. Porque se nos hizo de día y de noche otra vez.
El domingo trajo el Ultimo Concierto. Normalmente no sabemos cuando va a ser la última vez que hacemos algo. Por ejemplo, nunca sabemos cuando estamos escuchando una canción por última vez. Pues ese día sí lo supimos y da una sensación de extrañeza, de querer retener entre los dedos la arena de un reloj, un olor, una música.

Sin embargo, supe que otras muchas cosas no iban a ser las últimas. Tuve esa sensación todos los días, pero el último, que me lo pasé metida en el Fontain Head, lo supe. Mientras veía como la calle se teñía de azul, porque en Brighton los anocheceres son muy azules, y escuchaba con Tattva Hoops, Marta y su hija a Jeff Buckley, supe que iba a volver. LaFugi también lo sabe y probablemente todos los que me conocen. Porque hasta los caminos equivocados tienen salidas de emergencia.

Eso sí, se me olvidó mirar el mar...